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viernes, 29 de julio de 2011

Alejandro, mi bichejo favorito


Hace ya bastante tiempo hablé de mi primo Izan, el más enanito de mi familia. Pero creo que nunca he hablado de mi chico grande: Alejandro.

Álex es para mí el niño más especial del mundo. Ojo, adoro a Izan igual, pero mi Bicho fue el primer primo pequeño que nació teniendo yo uso de razón (casi 16 añetes). Hacía mucho tiempo que yo anhelaba tener otro pezqueñín en la familia, por eso su llegada fue tan mágica. Recuerdo la primera vez que lo vi, en el hospital de San Juan, al día siguiente de su nacimiento... Un renacuajillo rubio de ojos azules (cosa que costaba de ver, ya que ese día apenas los abrió).

Siempre he tenido más o menos claro que quería estudiar Magisterio, pero al mismo tiempo dudaba entre otras opciones. Me interesaba la Psicología y el Periodismo (el de verdad, no las mamarrachadas que se hacen llamar así hoy en día). También me atraían Filología Hispánica o Inglesa. Y aunque en el fondo sabía que mi vocación eran los mañacos, fue aquí mi mocito (junto con otra experiencia que en alguna ocasión explicaré y que tuvo lugar unos meses después de aquel 14 de mayo que lo vio nacer) el que terminó de convencerme. Jugar con él, hacerle "cucamonas", las ansias que tenía por enseñarle a hacer cosas y la satisfacción de verle aprender... Todo eso constituyó uno de los dos "empujones" que me llevaron a ser seño.

Resulta curioso, el otro día hablé con él de estos asuntillos. Tiene ahora siete años, y le encanta quedarse a dormir en mi casa y jugar a TODO lo jugable. Y yo, aunque termino hecha polvo y con necesidad de oxígeno (o casi), estoy encantada. En una de esas ocasiones en las que invade mi casa y me roba la energía, me dijo que él también quería ser profe (además de futbolista, of course, que mi niño es un culé de pura cepa como su prima). Yo le conté lo que él fue parte importante en mi decisión de serlo, y que estaba deseando poder trabajar de maestra de verdad y no sólo en el comedor. Él, con la curiosidad normal en un pitufo de su edad, me preguntó el motivo por el que no ejercía como profe, y yo me maté a explicarle con palabras que él pudiese comrpender que como hay mucha gente que estudia para ser maestro, no hay clases para todos y tenemos que hacer exámenes un poco complicados y que muy pocos consiguen hacerlo lo suficientemente bien. Y, ¿sabéis qué me contestó?: "Jolín, prima, pues entonces creo que voy a ser sólo futbolista, porque si tengo que hacer tantas cosas como tú para que al final no me dejen trabajar, mejor no soy profesor y me dedico al fútbol nada más".

Sin palabras, me quedé. Me reí mucho, porque mi peque siempre me hace reir, pero lo cierto es que, al paso que vamos, los niños del mañana tendrán más posibilidades de fichar en un equipo medio bueno que de conseguir plaza en unas oposiciones...

En fin, que me voy de tema: lo que quería decir es que estoy segura de que haga lo que haga, mi Álex va a triunfar en la vida y alcanzará las metas que se proponga, por ser el niño más guapo e inteligente del mundo.

Te quiero, Bichejo.

martes, 1 de marzo de 2011

Cincuenta años soñando juntos

En mi última entrada ya adelanté que pronto iba a suceder algo muy bonito y que me tenía ocupadilla... Pues bien, ha llegado el momento de hablar ello. Es algo que lleva ilusionándonos a toda la familia desde hace varios años, cuando a mi abuelo se le ocurrió hacer una cosa maravillosa: pedirle a mi abuela que volviese a casarse con él. Pues sí, mis abuelos son de esas pocas afortunadas personas que consiguen aguantarse durante cincuenta tacos y siguen amándose como el primer día.

Creo que ya hablé hace muchísimo tiempo por aquí de mis abuelos. Son otros padres para mí. Viven en el mismo edificio que yo. Es más, mi única tía por parte materna también vive aquí con su marido y sus tres hijos, así que somos una familia, como dice mi primo mayor, tipo clan gitano: estamos siemrpe unidos, los problemas de unos son los de los otros... ¡Y somos bastante escandalosos!

Cuando de niñas nos aburríamos mi hermana y yo, cogíamos las escaleras ys ubíamos en un minutos los dos pisos que nos separan de ellos para jugar en su casa. Cda vez que mis padres tenían que salir, ellos nos han "adoptado". Los fines de semana nos turnábamos con mis primos para dormir allí: viernes los chicos de Juani, sábado las chicas de Cati. Y por la mañana, los que no habían dormido allí iban corriendo para tomar con sus prim@s el desayuno de mi abuela: un cola-cao con papajotes (comida típica del pueblo).

Vamos, que para mí no puede ser más especial nada que las bodas de oro de mis yayos. Encima...¡ he sido la madrina! Y claro, yo, que soy una persona con cero importancia, que jamás he hecho algo así vistosillo... Estoy que no quepo en mí de alegría.

En resumen, este sábado ha sido precioso... Lleno de sorpresas. Un par de semanas antes, les anunciamos que harían una segunda luna de miel a Málaga (a mis abuelos les encanta Andalucía, para eso es su tierra, y mi abuela la pobrecita no está para irse mucho más lejos...). Ellos no estaban muy convencidos, porque los dos solos, con mi abuela pachuchilla, y tan lejos... Lo que no sabían era la sorpresa que les aguardaba en el lugar del que salía el autobús, al día siguiente de la boda...

El mismo sábado, 50º aniversario de su enlace, nos vestimos todos de punta en blanco, la madrina (moi) con el novio, el padrino (mi primo mayor) detrás con la novia... Toda la familia siguiéndonos: las hijas, el resto de nietos, yernos, hermanos y cuñados y de los novios, la novia de mi primoy el mío, más vecinas, dos amigas de mi prima y mis queridas Nenukys.

La ceremonia fue un poco... ¡de película!







- La novia acabó entrando por el pasillo antes que el novio.

- No sabíamos cuándo teníamos que leer mi hermana, mi prima y yo, salimos improvisando.

- La novia no llevó el ramo de flores precioso que habíamos preparado.

- Me equivoqué y fui a tomar la Hostia con toda la familia, cuando la madrina tiene que quedarse junto a los novios (se nota que no estoy yo muy puesta en temas eclesiásticos :s)

- La novia estaba resfriadísima y leyó con voz de camionero los votos. Además, tiene la vista fastidiada y no veía apenas las letras, por lo que el cura tuvo que ir soplándole.

- El novio interrumpió al cura para preguntarle si luego podían subir sus dos nietas pequeñas (mi hermana y mi prima) a leer unas cosillas.

- Cuando subieron las dos a leerlo, mi prima se emocionó y acabó llorando. Su padre subió para solucionarlo y acabarlo él, pero también se puso a llorar y así, el segundo escrito quedó sin ser leído de forma muy... extraña.

-Lo mejor de todo: nos olvidamos los anillos. Sí, sí... El cura: "Y ahora pasamos al intercambio de anillos". Allí todo el mundo mirando a mi madre, que era quien los llevaba. Y ella llorando buscando los anillos dichosos. Que no aparecían. Total, que resulta que los había sacado para enseñárselos a su prima, y no los volvió a guardar. Toda una anécdota.

Después de todos estos... imprevistos, salimos a recibir la lluvia de arroz, novios y padrinos detrás, que acabamos peor que ellos... Los cuatro repletos de arroz, y yo, con mi vestido negro, llena de marcas blancas, como los hombres.

La comida, muy buena, comí hasta senti dolor de barriga por la presión. Y me encantó verlos emocionados con las sorpresas: un álbum digital con fotos escaneadas que preparamos mi mami y yo de su juventud, de sus hijas de peques, de sus nietos de peques... Luego un vídeo-cuento que les hice con su historia, narrado como un cuento y grabado con música de fondo, también les hice llorar un poco...Qué mala soy =s

Después comieron (a mí no mi cabía) una tarta preciosa y repartimos los regalitos: unos espejos para las chicas y unas calculadoras con boli para los chicos que compró mi mami y una parejita de novios viejitos de fieltro que hice yo para cada casa de recuerdito =)


Quitando el hiper-resfriado de mi yaya, todo muy chulo.

Y lo mejor: al día siguiente, llevándolos a Alicante para salir a Málaga, con los dos quejándose por no querer ir solos, al bajar del coche de mi padre, ven que mi madre saca la cámara y se pone a grabarlos. Mi abuela, extrañada, pregunta que qué hace mi madre grabando, y en eso que, al girar la esquina, se ve de frente con todos los hermanos de mi abuelos y su cuñada. ¡Toda la familia iba con ellos! Así, ya sí les apetecía irse de vacaciones sin miedo a estar solitos por ahí...

En definitiva, una experiencia preciosa: acompañar a mis segundos papis en el segundo día más especial de su vida.





¡Os quiero, yayos!

lunes, 15 de noviembre de 2010

Medalla de bronce en mi especialidad

Hoy, estando en una plaza en la que estaban reunidas alrededor de unas mil personas, alguien, cuya identidad desconozco, ha tenido la genial idea de lanzar un petardo borracho, que ha atravesado toda la plaza y ha quemado el pelo de una niña, el culo de una señora, y mi espalda, agujereando mi camiseta. De entre un millar de personas, tan solo dos tienen peor suerte que yo. Debo haber hecho algo malo, pues mi karma me las quiere pagar.

jueves, 11 de febrero de 2010

Ni pellizquito ni leches... ¡Esto sí que es un sueño!

No sé como empezar esta entrada, así que lo voy a soltar a lo grande:

¡SOY MAESTRA!

La asignatura que me quedaba, Bases Pedagógicas de la Educación Especial, la tengo ya aprobada con un 5,5 raspadito pero que a mí me sabe mejor que una matrícula de honor.

Y es que me ha costado horrores, la dichosa asignatura… Lo peor es que es de mis favoritas. Me gusta todo lo relacionado con la Educación Especial, de hecho, siempre he querido hacer Psicopedagogía cuando terminara Magisterio, pero esta mujer me ha quitado las ganas. Nunca, en mi vida, he odiado a ningún profesor, pero esta tía ha despertado mis instintos más asesinos, jajaja. Afortunadamente, he aprobado su asignatura antes de tener que recurrir al crimen. La verdad es que yo soy muy frágil para estar en la cárcel ;p

Ahora coñas aparte: SOY FELIZ. Esto es lo que he soñado siempre, lo que más he deseado: tener licencia para enseñar J

Mi ordenador se ha roto, así que iba todos los días a los ordenadores de la biblioteca de mi barrio para ver si habían puesto ya la nota. Ese día ( nueve de febrero de 2010), fui con mi novio. Cuando abrí el Campus Virtual (la página donde mantenemos comunicación con la universidad), vi el anuncio: “Fecha para revisión de exámenes de Bases Pedagógicas de E. E.”. Empezaron a saltárseme las lágrimas antes. El examen me había salido bien, pero por experiencia previa (ya me había suspendido dos exámenes que me habían salido bien), sabía que eso no significaba anda. Podía aprobar o suspender independientemente del examen. Abrí mi expediente cogiendo la mano de mi chico. Él vio cómo mi respiración empezaba a agitarse y mis ojos empezaban a humedecerse.

-No vayas a llorar. Si apruebas es bueno y no hay que llorar, y si suspendes no pasa nada, eres joven, tienes toda la vida pro delante, el año que viene y ya está- trató de tranquilizarme-. Además, estamos en la biblioteca… No la líes aquí…- el pobre tenía miedo de que me pusiera a gritar como una histérica allí-. Tú tranquila, que todo estará bien pase lo que pase.

Pasando estaba yo de él, básicamente, porque los latidos de mi corazón sonaban tan fuerte que no escuchaba nada más. POMPOMPOMPOMPOM… Así, todo junto… Sin intervalote tiempo entre POM y POM.

Y entonces lo vi : ¡5,5! ¡Aprobada! ¡Con una nota muuuy baja pero aprobada! Ya no se me saltaban las lágrimas: lloraba abiertamente. Dani no sabía si lloraba por bien o por mal, y no hacía más que preguntarme en voz baja: ¿ “Qué te ha puesto? ¿Qué has sacado?”. Yo no tenía fuerzas para contestarle, así que le señalé el lugar de la pantalla donde ponía la nota, recogí mis cosas temblando ( sabiendo que en cero coma me iba a poner a sollozar muy, muy fuerte e incluso a gritar), tiré las gafas de sol tres o cuatro veces porque no me funcionaban bien las conexiones entre el cerebro y los músculos, salí de la biblioteca como en una nube y me puse a llorar yo sola como una loca perdida haciendo unos ruidos extrañísimos en al puerta hasta que Dani, que no había tenido tiempo para reaccionar ante mi repentina y silenciosa marcha, me abrazó y me dio la enhorabuena mientras yo no paraba de decir en voz demasiado alta: “Que no me despierte… Por favor, que no me despierte. Ya tengo la carrera, pero que no me despierte”. Y es que llevaba soñando LITERALEMENTE con la nota de Bases todas las noches desde que hice el examen. En mis sueños a veces aprobaba y a veces suspendía. Pero, of cuourse, siempre me despertaba, creando nuevas esperanzas o matando una ilusión. Por eso estaba acojonadita creyendo que iba a despertarme otra vez.

Pero no. Ya hace dos días que soy DIPLOMADA EN MAGISTERIO INFANTIL. Y ya hace dos días que voy sonriendo sola por la calle, ganándome miradas de miedo o compasivas. Pero es que no puedo reprimirlo: ME SALE TAN ESPONTÁNEA, LA SONRISA…. Qué maja, ella, que siempre me acompaña en los buenos momentos XD

Ahora sólo tengo que hacer las oposiciones… Que está jodidillo, porque hay pocas plazas y encima, estudiando bases, me he quedado bastante retrasada con respecto a mis compañeras, pero bueno. Si em salen mal este año, al siguiente. El alivio de aprobar Bases ha sido tan grande, que apenas me preocupan las Oposiciones. Como dijo Dani, tengo el año que viene, pero el año que viene no tendré Bases en la cabeza… Así que ¡MENUDO DESCANSO, POR DIOS!

Y nada más…

Hasta aquí la entrada más feliz que he hecho en el blog.

Lorena.

viernes, 18 de diciembre de 2009

¡Nieve!



A veces los malos días empiezan siendo muy buenos. Pero también los días que parecen feos pueden convertirse en preciosos.

Yo odio los jueves. Los odio. Se me hacen pesadísimos. Desde que empecé con las oposiciones, el primer martes de octubre, yo soy quien elabora mis propios horarios. Pero los jueves estoy obligada a levantarme a las ocho, coger el autobús a las nueves, entrar a clase a las diez, tomar otro autobús a las doce y media... No es en absoluto algo horrible, sino sólo cotidiano, pero hora que he sentido qué es eso de llamar al tiempo MÍO, los jueves me da la sensanción de que la mañana está presa en un malvado horario preestablecido. Es un horror. Hasta el año pasado era tan solo lo normal, pero ahora lo considero una pesadilla. Pequeña y llevadera, sí, pero pesadilla.

Este jueves empezó como todos: mirando el reloj a cada momento para pasar de hacer una cosa que no me apetece a hacer otra que me apetece menos. Pero llegó la tarde, y con ella, como siempre, también vino él.

No estaba planeado, de la nada surgió la idea, y sin pensarlo más, allí que nos plantamos: ¡EN LA NIEVE! Los dos juntitos en un paraje totalmente blanco tiritando el uno al lado del otro. Con las naricitas rosas y los labios lilas.

Fue perfecto...

Sólo tú puedes coger un jueves gris y pintarlo todo de blanco para mí...

Pero no sólo por eso te quiero...

¡Te quiero por todo!

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Confidencias con la Reina de los Consejos


¿Y si ésta es la definitiva? ¿Y si justo hoy, que no comprendo qué he hecho mal, es cuando todo se acaba?
Lo más probable, lo que me dice la experiencia (que según dicen, es la madre de la ciencia), no pasará así… La historia se repita así cada vez que… ¿Cada vez que me equivoco? ¿Que se equivoca él?... Bueno, la historia se repite cada vez. Pasarán un par de días en los que yo moriré de angustia a todas horas, con la incertidumbre y el olor a desamor grabados en la piel. Mientras, él sonreirá cuando no esté conmigo y se comportará con la mayor frialdad e indiferencia posible en cuanto me vea.
Arrogante, cruelmente.
Y cuando se haya serenado, cuando la templanza haya vuelto a sus nervios (y los míos estén fuera de quicio), él volverá a mostrarse encantador, a enseñarme los besos que guardan sus labios y la dulzura de sus gestos y palabras. Por mi parte, yo, aunque me muera por devolverle la centésima parte del daño que me ha hecho, me resignaré a olvidar los dos días de dolor y me limitaré a amarle, a envolverle con mis brazos, mi risa y mi cariño. Y todo por no perderle.
Pero hoy, hablando con la Reina de los Consejos, mi Pan Bimbo, hacedora de sándwiches de primera calidad me he planteado algo: ¿ y si eso fuese lo mejor para mí? ¿Y si me conviniese perderle?
Quizá me merezca a alguien que considere que mis virtudes puedan superar a mis defectos. Una persona que esté dispuesta a olvidar mis desavenencias con él, capaz de darme un beso para hacer las paces cuando me arrepiento de alguna tontería, en lugar de pudrir cuarenta y ocho horas cada vez que protesto por algo que él considera bueno. Es posible que yo pueda aspirar a un chico que decida que pasar horas muertas junto a mí sin abrazarme duele más que arrancarse el orgullo de dentro del alma de un tirón. A lo mejor soy digna de alguien que me necesite de la misma forma en que yo le necesito a él.
Incluso he pensado que tal vez merezca ser yo la dura en algún momento, quien lleve las riendas de la relación, la que no tenga miedo de dejarla caer al suelo y que se rompa en mil pedazos. Pasar de ser el miembro de la pareja que siente un nudo en el estómago todo el tiempo que él decida a tener en mis manos el nudo en el estómago de otra persona, para atarlo y desatarlo cuando yo quiera.
Al leer este último párrafo, la Reina de los Consejos me ha interrumpido:
-Entonces serías tú quien le estaría haciendo a otra persona lo que él te está haciendo a ti.
Y, como siempre, ella tiene razón. Por eso he llegado a la conclusión de que lo más posible es que tan solo merezca a alguien como yo: imperfecto, quejica, pero que defienda la libertad de ideas y de expresión. Y sobretodo, que conozca la sutil diferencia entre ORGULLO y DIGNIDAD, para aprender así a perdonar a los seres queridos sin hacerles pasar por la cámara de los horrores primero. Perdonar sin castigar.
Sí, tal vez sea lo mejor… Pero de todas formas, me quedaré en mi rinconcito, rogando al cielo que pase lo de siempre: que por más que me torture, acabe soltando el látigo para acariciar mis heridas con sus dulces manos de verdugo.

domingo, 19 de julio de 2009

Respeta a tus mayores y pisotea a tus menores


Siempre he sido una persona respetuosa, no sólo con la gente de bastante más edad que yo, sino con todo el mundo. Soy humana, y está claro que cuando me provocan más de lo que quisiera, no siempre puedo controlar mi tono de voz o las formas. Pero, en general, no voy por ahí faltando el respeto a la gente así porque sí. Además, me levanto de buen gusto en el autobús si veo a una señora muy mayor de pie; cuando se me pregunta por una calle contesto con una sonrisa en la boca... Y tengo 20 años.

Esto lo digo porque corre un infundado rumor acerca de la mala educación y de la falta de respeto de los jóvenes hacia sus mayores. Me paro a repasar mentalmente el trato que mis amigos y conocidos dispensan a la tercera (e incluso "segunda") edad y me sorprendo: nadie les grita, ni les amenaza, ni les pisa, ni les empuja... Diría que se les trata con cordialidad. Está claro que siempre va a haber algún idiota que haga el cafre por ahí cuya máxima diversión sea molestar al prójimo (sea cual sea su edad, que nadie se lo tome como algo personal, hay personas que son así y punto). El caso es que volvemos a las odiosas generalizaciones: porque hayan grupitos de jóvenes que no tengan ni una pizca de educación, no se puede meter a todos los menores de 40 años de una sociedad en el mismo saco. Porque por esa regla de tres, yo podría decir que son los ancianos los que tratan sin ninguna educación a los jóvenes, en base a mi experiencia con abueletes maleducados.

Véase el ejemplo de las carrozas de fiestas. Como en muchos pueblos y ciudades, en Benidorm, para las fiestas patronales, las peñas locales salen montadas en carrozas tirando caramelos. Los niños, felices, se apresuran a recogerlos del suelo con sus dulces sonrisitas pintadas en la cara. Y ahí están ellas, las abuelas que tanto increpan a la juventud su mala educación, para pisar las pequeñas manitas de la chiquillería. "¡Qué exagerada!", pensará quien lea esto. Pues no: es cien por cien verídico. Todas las personas benidormenses con las que he tratado este tema han coincidido en afirmar que en su más tierna infancia vieron cómo un tacón de bruja se clavaba en sus manos el día de las carrozas. No es broma. Ya ves tú, si a su edad esas mujeres tendrán el azúcar por las nubes y ni podrán comerse los caramelos... Parece que piensen: "Si yo me jodo sin probar esta delicia, el mocoso este del jersey de Pocoyó y chupete azul no va a disfrutar de semejante placer...".

Por si fuera poco, les da igual que un niño de tres o cuatro años no vea nada si se le coloca una señora de más de metro y medio de altura y con un cardado alucinante. Recuerdo vagamente a mi padre rogarle a una señora que me hiciese un huequecito para ver las carrozas, y cómo tras perder en la negociación, me subió a sus hombros, ganándose las quejas de otra señora porque no veía conmigo tan alta. Y un recuerdo más definido es el de cuando llevamos a Marcos, el primo de mi amiga Sheyla a verlas pasar y un matrimonio de unos 50 años (no muy mayores, vaya) no quiso abrirse un poco para que cupiese el carrito del niño, a pesar de que había sitio de sobra si se movían un pelín... Vamos, que si llegamos intentar meter el carro, yo creo que se hubiesen sentado encima para chafarlo...

Dejando a un lado "el maltrato a la infancia", vamos a pasar a chicos y chicas de mi edad... Lo que ellos conocen como "la juventud de hoy"... Me remonto a un importante partido de fútbol de esta primavera. Yo había quedado con mi novio y unos amigos para verlo en un bar, pero antes tenía que pasarme por casa de Sheyla. Así pues, le dije a mi chico que me guardasen sitio porque yo llegaría algo más tarde. Entré al bar a la hora acordada, saludé a todo el grupo y fui a sentarme en la punta más alejada de la tele, donde estaban las dos chicas que, aparte de mí, fueron a ver el partido: era el único modo de ver el fútbol y al mismo tiempo hablar con coherencia sobre algo diferente a los fueras de juego y la profesión de la madre del árbitro. Casualmente, esa silla estaba al lado de la mesa de varios matrimonios mayores. La señora que estaba más cerca de mí tiró de la silla con brusquedad (si no llego a estar atenta me hubiese estampado de culo contra el suelo) y comenzó a gritarme:

-¡No, no, no, no, no, niña! Ni se te ocurra sentarte ahí, vamos - todo esto con la furia brillando en sus ojos- Vamos, qué poco respeto, va a taparme toda la tele...

Alucinando y murmurando que la irrespetuosa era ella y que si hubiese sido uno de nosotros el que hubiese gritado así nos habrían puesto a TODOS a caldo, me senté al lado de Dani: no podría mantener una conversación normal en 90 minutos (y el descanso), pero al menos podría recibir mimitos de mi chico... Resignada, arrimé una silla a su lado, temiéndome que en el primer gol la emoción de mi macho cabrío podría causarme la muerte por infarto, pero iba muy desencaminada: el gran susto no me lo iba a dar él, sino una señora mayor de otra mesa diferente (aquel bar parecía el Hogar del Jubilado). La mujer en cuestión, una octogenaria por lo menos, corrió mi silla, puso su boca pegada a mi oreja izquierda y murmuró en un estilo entre mafioso de Nápoles y chunga barriobajera a lo Belén Esteban:

- Mira, nena, o te apartas, o te aparto.

Estuve a punto de reírme en su cara, porque me hubiese gustado ver cómo una persona de tan avanzada edad me hubiese podido apartar a mí, que no soy para Super Woman pero que... Vamos, creo que sobran las palabras...Mi fuerza física será escasa, pero seguramente superaría a la de aquella venerable ancianita... Sin embargo, en representación de mi gremio de Jóvenes Internacionales Con Educación (un conjunto de gente bastante numeroso, por cierto), me di la vuelta, la miré a los ojos y le dije:

- No señora, ya me aparto yo sola, no vaya a ser que se haga daño usted.

Total, que me pasé todo el partido en un rincón, agachadita hasta el punto de estar a punto de pillar tortícolis. Eso sí: nuestro equipo ganó y el suyo se comió varios goles. A veces existe la JUSTICIA en el mundo.

Por fortuna, no todos los mayores son así: tan sólo un pequeño porcentaje de ellos cumple los requisitos para estar nominado al Maleducado del Año. Del mismo modo que la mayoría de jóvenes somos personas normales, con educación, principios, sueños... En la vida se me ocurrirá faltarle al respeto a un anciano (ni siquiera a uno como estos de los que he hablado), pero me gustaría pedir que también ellos nos respeten a nosotros. No con el respeto que se le da a quien tiene más experiencia (ese lo merecen ellos), sino con el que viene de la tolerancia, de la cooperación, de la posibilidad deque jóvenes y mayores podamos ayudarnos unos a otros y convivir en armonía. No somos enemigos.

Aprendemos de los que van por delante de nosotros, así que sólo podemos desear que ellos nos enseñen a ser buenas personas, respetuosas y tolerantes.

sábado, 23 de mayo de 2009

Frases de niños de mi hormiguero

Hechas ya las reflexiones moñas de la despedida (despedida temporal, ya expliqué que Rebeca me deja volver cuando quiera, y que regresaré en cuanto adelnate lo de la memoria), ahora toca lo mejor: dejar constancia de que no es que yo diga que mis enanos son muy resalados, sino que lo son de verdad. Así que aquí os dejo las mejores perlas de mis LOCOS BAJITOS:



DIEGO:

Estábamos en la asamblea, un lunes por la mañana, contando qué habíamos hecho el fin de semana. Amagoia contó que había sacado a su perra a pasear pero que volvieron pronto porque estaba en celo. Diego, asustado, soltó:

- ¡Pobrecita! Pero, ¿dónde se lo pegasteis? ¡Le podíais haber arrancado todos los pelos!

NOELIA:

Estaba intentando decir que su madre le había contado que cuando un actor no sabe hacer algo, un especialista se encarga de rodar la escena, pero se armó un lío y Rebeca (la profe) la quiso ayudar.

Rebeca: - Si Johnny Deep, haciendo del capitán Sparrow, no sabe trepar por el palo del barco, ¿quién lo hace?

Noelia: Willie Wonka.

(Nota: Tanto Jack Sparrow como Willie Wonka son personajes de películas interpretados por J. Deep).

PASTORA:
Estaba almorzando, poniendo caritas de asco, un bocadillo de jamón de york que le había hecho su abuela. Al rato, viene y me dice:

Pastora: -Lorena, no me gusta el bocadillo de jamón de york.

Yo:- Pero Pastora, si te lo ha hecho la abuela tienes que comértelo… Come aunque sea un trozo, no vas a estar sin almorzar nada…

Al ver su mueca de disgusto (y empatizando con ella, ya que yo también soy mala comedora), le digo que se coma “las montañitas”. Me refería, por supuesto, a los piquitos que quedan al morder el pan. Supongo que me entendéis. Señalé cada uno de esos piquitos contándolos (eran cuatro). Creí que el mensaje estaba claro: “Da cuatro mordiscos más al sándwich y guarda el resto”.

Ella accede, y se va a su sitio. Al poco rato, con la desesperación pintada en su carita, me dice:

-Lorena, no voy a acabar nunca, porque cada vez que doy un bocado, ¡sale otra montañita!

DIEGO:

Amagoia contó que su mamá le había explicado que la primera película en color había sido “Lo que el viento se llevó”, y Rebeca pidió que quien pudiera trajese alguna imagen o pidiese a los familiares que les enseñaran alguna frase famosa de la peli.

Diego, que había faltado ese día, acudió de nuevo al siguiente. Y entonces, Rebeca preguntó a todos:

-¿Alguien ha traído información sobre “Lo que el viento se llevó”?

Todos se quedaron en silencio, y de pronto, irrumpe Diego, emocionado:

-¡Yo lo sé! Se lo llevó todo, se llevó hasta las motos.


ANTONIO:

Estábamos terminando la excursión de Mundomar. A la salida, colocada como buena estrategia de ventas, hay una tienda. Es imposible salir sin pasar por ella. Rebeca iba delante, con los primeros de la fila, y yo por detrás, con los últimos, cuidando de que no tocasen nada. La dependienta, que debía estar bastante aburrida (había muy, muy poca gente ese día), era una chica negra que miraba pasar la fila, sonriendo pero sin mover un solo músculo. Hay que decir que era alta y delgada, y con ese tipito y tan quietecita podía perfectamente pasar por un maniquí a los ojos de un niño de cinco años. Eso fue lo que le pasó a Antonio, quien, al pasar por su lado, se detiene mirándola y dice:

-¡Mirad, chicos, una estatua de chocolate!

AMAGOIA:

Los martes hay clase de religión, pero ella, Unai y Dante van a “alternativa”. La profesora de religión, al resto de los niños, les pone una carita sonriente en la mano cuando acaban el trabajo, y supongo que a ellos tres, pobrecitos, no les hace mucha gracia ser los únicos sin carita feliz. Además, alguna vez habían oído decir al resto que llevaban esas caritas “porque Dios quería”.

Un día, para probar el maquillaje de zombies para la peli que estábamos haciendo, Rebeca le pintó la cara con ojeras a Amagoia en clase de “alternativa” mientras los demás estaban en religión, y cuando volvieron, todos la miraron con un pelín de envidia. Feliz por una vez de ser ella la “pintarrajeada”, les suelta: “Hala, ahora a vosotros que os pinte Dios”.

DANI P.:

Subiendo por las escaleras a clase, se coló del resto y empezó a gritar y correr por la fila. Cuando llegamos a clase, Rebeca le dijo:

-Dani, sabes que por las escaleras no se sube así. Baja hasta abajo y sube despacio y sin gritar, como un niño mayor, que es lo que eres.

Él a regañadientes, obedeció. Mientras, Rebeca fue a la clase de al lado a pedir algo, y me quedé yo con los mocosetes. Cuando Dani regresó, me mira muy, muy serio y me pregunta:

-¿Y Rebeca?

-Se ha ido a clase de Alicia.

Y tras ponerse más serio aún, con un gesto de desesperación profunda, me dice:

-¡Jo! ¡Se ha ido porque está cansada de que me porte mal!

CRISTIAN:

En la asamblea nos estaba contando que a su padre le han puesto trece grapas en el brazo, pero no sabía cuál era la causa de semejante heridota. Diego, tratando de encontrar explicación, dice:

-Seguro que se ha quitado un poco la piel.

Entonces, Cristian, sorprendido de que acusaran a su papá de algo tan desagradable, protesta:

-¡No, Diego! Mi padre nunca se quita la piel, siempre se la deja puesta.

JOSE:

Esta frase no sucedió en clase, sino que la contó la madre del niño en la excursión a la playa del día de Pascua.

Resulta que con motivo de la inminente fiesta, tenían que traer cada uno un huevo duro para ponerlo en la mona. Por lo visto, su madre decidió escribir “Jose Antonio” para que no hubiese posibilidad de confusión y su hijo no se quedara sin huevo. Cuando Jose vio que en el huevo ponía su nombre, dijo:

-¡Mira, mamá, qué casualidad! ¡Este huevo se llama como yo!

NOELIA:

El nuevo proyecto es Egipto. Amagoia, que siempre es la primera en traer información, dijo la cantidad exacta de kilómetros del río Nilo, más de 6.000. Dani A., asombrado, dijo:

-¡Madre mía! Eso debe tirar más agua que el Guadalquivir.

A mí me hizo gracia porque Dani, como ya he dicho, todo lo dice de una forma que te tienes que reír, y Rebeca le preguntó sonriendo:

-¿Tú sabes en qué país está el Guadalquivir?

A lo que Noelia, conocedora de la canción de “Pinocho fue a pescar”, suelta:

-Yo sí lo sé: está en el país de Pinocho.

SHEILA:

Cuando vimos la bandera de Egipto, Rebeca preguntó si alguien conocía los colores de la de España. Diego se apresuró en contestar:

-Roja, amarilla y roja.

Sheila, emocionadísima, murmuró para sí misma:

-¡Qué casualidad! Es igual que la de la Selección Española.

MATÍAS:

Nuria trajo información acerca de cómo hacían papel los egipcios. Todo el proceso empezaba a partir de la planta del papiro. Cuando terminó de explicarlo, Rebeca, para asegurarse de que habían comprendido todo, preguntó:

-¿Recordáis cómo se llamaba la planta de la que se sacaba el papel?

Y responde Matías, con voz de misterio:

-La planta del vampiro.

SALVA:

Una mañana estaban en la fila los que siempre llegan primero, que son Dante y Amagoia, y otros cinco. Estaba lloviznando, y cuando llueve no sé por qué faltan muchos niños o llegan tarde la mayoría. El caso es que Dante y Amagoia, desde adelante del todo, empezaron a contar cuántos habían llegado. Eran siete (como ya habréis deducido vosotros). Justo cuando terminaron de contar, apareció Salva por el horizonte. En cuanto se incorporó a la fila, Amagoia le informó:

-Contigo, somos ocho.

Y Salva, sacando tripa y dándose palmas en ella, suelta:

-Y con mi barriga, ya somos nueve.

SHEILA:

Justo antes de salir al patio, Sheila le dijo a Rebeca un poco triste:

-Ya no vas a ver a mi papá, porque a partir de ahora me quedo al comedor y vendrá a recogerme por las tardes mi yayo.

Entonces Rebeca, sabiendo el motivo por el que su papá no vendría más a por ella, la animó diciendo:

-Bueno, Sheila, pero piensa que eso es porque él ha encontrado un trabajo y eso le va a hacer muy feliz, porque necesita ganar dinero como todos.

La niña, suspirando al tiempo que pensaba en la parte buena del asunto, se conformó:

-Pues a ver si mi papá gana pronto por lo menos ochocientos mil euros y puede comprarme ya la Barbie de las trenzas…

ALEXANDRA:

Es una de las niñas más ligonas de la clase, y la mitad de los chicos se mueren por sus huesos. Eso sí, ella tiene muy claro que su corazón pertenece única y exclusivamente a Dani A. Está coladita por él al cien por cien, lo suyo es un amor de los de película. Tanto es así, que con cinco añitos tan solo a sus espaldas, ya conoce a la perfección la dura daga de los celos. El día en que le tocaba pasar lista a ella, empezó algo desanimada. Era raro porque todos están deseando ser “el capitán”, pero nadie le dio mucha importancia. Se equivocó en un nombre y Dani A. y Dante se rieron. Al poco rato llegó al nombre de su amorcito y miró al suelo con expresión abatida y el despecho brillando en sus ojos azulitos. Rebeca, creyendo que era debido a la burla, apartó a Alexandra y le dijo:

-Estás molesta con Dani, ¿verdad?- ella asintió, y Rebeca le aconsejó:- dile qué es lo que te ha molestado y así lo solucionáis.

Alexandra, alentada por su imprevista (y ajena al verdadero meollo del asunto) consejera amorosa, dijo en voz alta, delante de todos cual invitada al Diario de Patricia:

-Es que Daniel A. era mi novio y ahora es novio de Laura Patricia, porque estaban riéndose mucho juntos esta mañana. Vamos, que por irse con ella, HA COLGADO conmigo.

SALVA:

Jugando en el patio, encontró un pajarito sin una sola pluma, moribundo y lo cuidó hasta la hora de ir a Educación Física. Cuando llegó el profe de esa asignatura, Javi, le insistimos en que lo dejara donde lo había encontrado “por si lo buscaba su mamá”, y es que estaba claro que aquel pajarito, con las alas rotas y sangrante, aún peladito del todo, no iba a salvarse.

Al día siguiente, llega Salva con el pajarito muerto en la mano y nos dice:

-Mirad, otro pájaro.

Diego, que es muy culto en cuanto a animales se refiere, le dio la noticia:

-Tío, es el mismo.

Y Salva, riéndose de la falta de atención de su amigo, le contestó:

-¿Cómo va a ser el mismo? Este está muerto y el mío estaba vivo…

PASTORA:

Estábamos haciendo la ficha del cuentacuentos, y en uno de los apartados a rellenar, ponía “TÍTULO:”. Los dos puntos, por algún error de la fotocopiadora o lo que fuese, habían quedado muy juntos, de forma que quedaban más o menos así:

Cuando pasé junto a su mesa, me pidió ayuda, y nos pusimos a escribir juntas. Cuando llegó al apartado “TÍTULO:”, empezó a reírse señalando aquellos dos puntos .

-¿Qué te pasa?- pregunté.

-Ummm…- se relamió-. Es un cacahuete.


DANTE:

Había hecho un dibujo muy chulo de animalitos en el campo, y en el cielo de su obra brillaba un sol graciosísimo con barba y todo. A la hora de colorearlo, eligió pintarlo de rosa. Cuando le dije que le había quedado muy bien, inquirió:

-¿Sabes por qué he pintado el sol de rosa?

-No, ¿por qué?

-Porque como es el sol, se ha puesto rosa de tanto tomar el sol.

DAVID:

Después de cada ficha, ponen su nombre y apellidos junto con la fecha larga en la parte de atrás de la hoja. Cuando se empezó la “Operación Biblioteca”, y todos tenían que apuntar los libros que sacaban, Rebeca explicó:

-En esta hoja, cuando saquéis un libro, basta con que pongáis la fecha corta.

David, en voz baja, de forma que sólo pudiese oírlo su grupo (y yo que estaba detrás aunque él no se hubiese dado cuenta), dijo:

-¡Ay, madre, qué gustito de fecha!

viernes, 22 de mayo de 2009

No es un adiós, es un hasta luego.

Sí, señores, un hasta luego a mis monstruitos. Porque el 9 de febrero de este año empezó una de las etapas más importantes de mi vida: las prácticas en el Vasco, mi cole de toda la vida. Y ahí he pasado unos momentos increíbles.

Aún recuerdo cómo hace 102 días (si mis cálculos no me fallan, cosa que seguramente pase) llegué por primera vez allí, con ellos. Me parecía un fantástico augurio que mi primer contacto con ellos fuese verlos participar en un CUENTACUENTOS. Vamos, mi tema favorito (cuentos), con mi trabajo favorito (maestra, aunque fuese en prácticas), y mis futuros niños favoritos. Me senté al lado de Rebeca, mirando a los niños que habían sentados allí. Supuse que serían varias clases porque habían demasiados, y deduje que los de cinco años serían los de la última fila, y comencé a mirarlos bien... ¡Qué guapos eran!

El hombre que hacía las representaciones sacó a uno de los de la última fila al escenario, y puse el oído bien atento cuando le preguntó el nombre. UNAI. Uno de mis mini monstruos se llamaba Unai, un niño alto, con la carita muy dulce. Le tocó hacer de rey. Luego sacaron a un tal Dani, con una cara de pillín graciosete que no podía con ella. Y por último, a una muñequita que dijo llamarse Laura hizo de princesa.

Cuando terminó el espectáculo, un niño al que llamaban Dante se enfadó con alguien y Rebeca le regañó por pegar. Me fijé en que tenía unos ojazos verdes preciosos a pesar de los morritos de "cabreau" que ponía.

Subimos la cuesta todos, mientras oía hablar a una niña con unas gafas de sol, muy resalada ella, de que en la guardería le llamaban "Amapola" por equivocación. No tardé en enterarme de que en realidad se llamaba Amagoia. Todos me miraban raro; nadie sabía quién leches podía ser aquella chica desconocida que se había acoplado en su fila sin decir nada a nadie.

Al llegar a clase, Rebeca me presentó, y al momento llegó Jose, el de música. En la fila para bajar a su aula, la mayoría de las chicas se me tiraron encima para presentarse. Los nombres me llovían y las voces se cruzaban en mi cerebro, de forma que no podía relacionar los nombres con la cara: Pastora, Laura, Kesia, Andrea, otra Laura... Luego comenzó la distribución de familias: una niña muy morenita y con unos oscurísimos y brillantes (Pastora) me dijo que era prima de otra con el pelo corto y ojos verdes de gatito (Kesia). La más chiquitina de todas (Laura D.) y la del pelo más largo (Andrea), también decían ser primas. "Muchas primas veo yo", pensé con desconfianza, creyendo que era algún juego de las niñas. Pero no, eran primas de verdad.

Pasé la mañana bailando con ellos, empezando ya a quererles, y viendo muy lejano el 22 de mayo. Pero ese día ha llegado. Y me he despedido de ellos. Y casi me cargo a Laura P., la princesa del cuentacuentos, porque se ha puesto a llorar, y entonces sí que no he podido contener las lágrimas después de abrazarla. Me preguntaban todos en la alfombra: "¿Por qué te vas?", y me temblaba la voz al explicarles que volvería en cuanto terminase de estudiar, y que iba a hacer un trabajo muy grande para que mi profesor sepa lo bien que se han portado mientras he estado con ellos.

En fin, no estoy tan triste como esperaba, porque hay una gran noticia: Rebeca me ha dicho que por ella como si me quedo hasta final de curso, que a ella le viene genial tener a otra persona que le eche un cable. Así que he llorado más de emoción al ver a Laura P. llorar, a Alexandra, Amagoia y Andrea haciendo pucheros y a Jose, Unai y David con cara de tremenda preocupación, que por estar verdaderamente deprimida.

Así que, afortunadamente, en cuanto termine la memoria, me voy a volver a meter en esa clase a escuchar los chistes de Dani A.; a ver el brillito de los ojos de Dante cuando sonríe; a por los abrazos de Andrea; a por la risita contagiosa de Laura D.; a por las curiosidades de enciclopedia que nos cuenta Diego; a por el inmenso cariño de Kesia; a luchar contra los Gormiti de Antonio; a conocer el desenlace de la telenovela de Alexandra y su gran amor por Dani A.; a por la dulzura innata de Sheila; a comerme a bocados a Amagoia y a Lucía; a contar las pecas de Nuria; a sonreír al ver que la AMISTAD, con mayúsculas, la personifican Jose Antonio y David día a día; a la gracia de Pastora cuando le gustan sus dibujitos; a hablar a nivel adulto con Noelia, que pese a tener cinco años habla con la madurez de una chica de diez; a batallar con las trastadas de Salva (que tan de cabeza me ha traído); a hacerle las hormiguitas a Dani P.; a escuchar a Laura P. "yo quiero ir de tu mano" un día tras otro; a ver cómo Unai sigue poniéndose por fin la mochila solito y recorta cada día mejor.

Volveré a Egipto, al rincón donde ellos han hecho sus fantásticos jeroglíficos y comienzan a construir una gigante pirámide de cajas de zapatos.

Y volveré a contagiarme de esa preciosa ilusión que irradian con su dulce inocencia.

lunes, 18 de mayo de 2009

Mi Besito Izan



Esta entrada va dedicada a un ángel. Parece un niño normal, muy guapo, eso sí, pero nadie diría que pudiese ser un ángel. Y, sin embargo, lo es. Al menos, eso creo yo, porque con solo once meses, ya ha estado a mi lado para hacerme sonreír cuando tengo un mal día infinidad de veces.

Por motivos que no me apetece ni que sean recordados, la noche entre el 20 y el 21 de junio del año pasado fue pésima. Salí sólo con una de mis dos Nenukys, Mari, y por desgracia nos separamos un ratito, cada una con un trozo del grupito con el que nos juntamos allí. Yo ya lo digo, estar con ella o con Sheyla me da suerte, y con eso de estar cada una en una punta del pub, la cosa acabó fatal... Cada una llorando sola, yo en el baño y ella en la playa, sin saber ninguna que la otra estaba igual de "moqueante".

El caso es que llegué a mi casa casi a las siete de la mañana después de haber ido a buscar una de las tantas cosas que se perdieron esa noche, destrozada, con los ojos que parecían sandías (verdes y rojos simultáneamente), y con más ganas de desaparecer de la faz de la Tierra que de seguir viviendo en un mundo tan injusto. Y entonces sonó el teléfono. Al otro lado de la línea, mi tía Rafi dijo:

- Éste es Izan.

Y entonces escuché por primera vez ese llanto debilucho, tiernito, esos leves grititos que significaban el comienzo de una nueva vida preciosa y larga, llena de misterios por descubrir, de cariño que dar y recibir... Y supe que había nacido justo ese día tan malo para mí para ayudarme. Él había tenido el detalle de salir de la tripita de su mami, con agustito que debía estar, para volver a hacerme sonreír. Y para cambiar el rojo triste de mis ojos por un rojo alegre, un rojo repleto de lágrimas de felicidad, de emoción y de esperanza.

Por si fuese poco, me dio la suerte necesaria para quer tanto Mari como yo recuperásemos todo lo perdido. Así que nadie puede negarme que a mi primito Izan sólo le faltan las alitas para ser el más bello angelito del mundo. Mi angelito de la guarda, el que me hace cosquillitas en el corazón cada vez que algo me aflige.

viernes, 6 de marzo de 2009

DÍA DE MUJER TRABAJADORA

Hoy ha sido un día bastante especial. Como cada patio, estábamos todas las de Infantil en el patio. Normalmente sacamos una sillita de la clase de Patri cada una y nos sentamos en círculo, cuidando que nadie tire piedras ni pegue al resto, esperando al herido de turno que venga reclamando "cuidados médicos" tales como tiritas o agua oxigenada, observando los progresos que hacen saltando a la comba Salva, Matías y Noelia... La casualidad ha querido que, por segunda vez en el mes que llevo en cole, nos hayamos quedado de pie, haciendo lo mismo, pero plantadas todas: Susi, Amparo, Patri, Delfina, Rebeca y yo. Tan solo faltaba Alicia, que está resfriada.

Teniendo en cuenta mi timidez, es de suponer que no intervengo apenas en las conversaciones, y la mayoría de las veces estoy más pendiente de los juegos de los fierecillas que de lo que se habla. Por eso, de golpe y porrazo, me he dado cuenta de que todas etaban riéndose y mirando hacia la cuesta que nada más pasar la puerta. Y por ella circulaba una procesión de hombres que me ha quedado alucinada. He tenido que mirar dos veces para creerlo: todos los varones del colegio, portando una rosa roja por cabeza, subían hacia nosotras cantando canciones de la tuna. Miguel, el monitor de deportes, a la cabeza, tocando la guitarra (¡hasta con la guitarra!), y detrás el resto: Jose, el de música; Benito y Javi, de Educación Física; Fran, el de PT; Julio, el conserje; David, el profesor de 6º B; y Delfín.

Oficialmente, es el profesor de 6º A, pero en la realidad es mucho más que eso. Delfín es mi modelo a seguir. Fue mi maestro en 3º y 4º, y puedo asegurar que dejó huella en mí. Vamos, en mí y en todos quienes le conocemos. Es un hombre agradable, simpático, que adora su profesión y a todos los niños en general, que se hace de querer, incapaz de dirgirse a alguien sin dedicarle una sonrisa, que se interesa por saber cómo le va la vida a sus antiguos alumnos y a sus familias... Vamos, un verdadero tesoro, y no es que lo diga yo, es que sé que lo pensamos todos los que hemos tenido la suerte de cruzar más de tres palabras con él.

Sin perder la vista de la extraña tuna, le he preguntado a Amapro que por qué pasaba eso... Y me ha dico que es por el Día Inernacional de la Mujer Trabajadora, que es este domigno. Por lo visto, todos los años repiten el ritual, y como este justo ha caído en fin de semana, ninguna se esperaba que fuese hoy cuando se viesen premiadas con semejante espectáculo.

Entre nuestras inevitables risas, han terminado de cantar "Clavelito", y cada uno le ha dado su rosa a la chica que tenía enfrente. Sólo que han habido dos excepciones: Benito ha corrido para dársela a Rebeca (son pareja), y Delfín ha venido desde la otra punta de su fila para dármela a mí. Ese gesto ha sido para mí precioso, porque él para mí es verdaderamente importante, y ver que él ha pasado de sus compañeras por dársela a su antigua alumna... Me ha tocado la patatilla, vaya.

Bueno una vez cargadas todas con su rosa (de las más bonitas de la floristería, seguro, y adornadas con un lazo morado cada una), han vuelto a cantar su serenata, y hemos bailado todos jutnos, nosotras enfrente de ellos, al son de la guitarra y de sus voces. Mientras, los niños flipaban dando vueltas alrededor nuestra con cara de estar pensando "estos profes nuestros se han vuelto locos".

Vamos, que me ha parecido un detalle ejemplar. Por lo que han comentado als otras, ninguna ha estado nunca en un colegio en el que hagan esto, y es algo de agradecer... ¡Vaya profes atentos que hay en mi cole! Si es como el Vasco... La verdad es que Patrciia y yo, que somos las que hemos llegado este año y no sabíamos NADA DE NADA, nos hemos quedado encantadas con la sorpresa.

En fin, sé que no es tan bonito esto como recibir de la mano de el mejor de tus profes de su infancia una rosa, pero...

¡FELIZ DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA A TODAS!

Lorena Hernández Vela.

miércoles, 18 de febrero de 2009

PRÁCTICAS EN EL VASCO NÚÑEZ DE BALBOA



Bueno, desde el lunes día 9 de febrero estoy haciendo las prácticas en el colegio Vasco Núñez de Balboa, en Benidorm.

Hace 16 años y medio entré por primera vez en ese colegio, de la mano de mi mamá, hecha un manojo de nervios, deseando conocer a María, mi seño. Allí, en ese edificio de ladrillo amarillo, con los marcos de puertas y ventanas y rojos, iniciaba mi educación.

Y ahora, con 20 años, vuelvo a cruzar ese mismo umbral, sin tomar la mano de mi madre, igual de nerviosa que aquella vez, y deseosa también de conocer a alguien: a 23 monstruitos de 5 años a los que yo voy a enseñar y de los que pienso aprender un montón.

Me encanta la idea romántica de pensar que acabo de estudiar en el mismo lugar en el que empecé, bajo ese mismo techo, entre las mismas paredes... Adoro observar cómo el soporte en el que jugábamos a tiendas, que antes me parecía inmenso, se ve ahora tan pequeño. Y verlos a ellos, con sus manitas, apilar la arena y pagar con piedras tal y como hacía yo en ese mismo lugar no hace tanto tiempo. Incluso la clase parece mucho más pequeña ahora. Y la pizarra... Recordaba una pizarra casi infinita, y estos días apenas cabe la fecha en ella... Qué asco da crecer...

Pero siempre me queda el consuelo de mirarlos a ellos a los ojos y vérselos brillar de esa forma tan significativa, cuando Bubu, la marioneta, les elige para contar un cuento, cuando terminan de escribir con gran esfuerzo las palabras de las fichas, cuando consiguen saltar a la comba muchas veces, o cuando con unas simples alas de cartón se transforman en Campanilla o una pluma les hace hace ser Peter Pan. Estando con ellos, parece de verdad que la purpurina sea polvito mágico, y es casi como volar a Nunca Jamás...

No puedo evitar pensar con nostalgia en mis otros mocosetes, los de la guardería, que fueron los primeros en demostrarme que no podía haber elegido mejor oficio que el de maestra de infantil, los que desde hace un año y medio se han convertido en parte de mi corazón al cien por cien. Ellos, los Duendes, siempre serán los primeros, pero ahora han llegado mis Peters y mis Campanillas, y me llenan de nuevo con sus risitas sinceras, la importancia que le conceden a cada detalle, la emoción inmensa en sus caritas por lo más insignificante...

Me siento tan feliz por pensar que les estoy ayudando a aprender a leer, escribir, contar y a portarse bien, que cada uno de sus éxitos me satisface igual que a ellos. Y me apena muchísimo pensar que seguramente nunca sabrán que yo estoy aprendiendo mucho más de ellos que ellos de mí.

En fin, que no se puede ser más perfecto que los Duendes, mis enanitos del Vasco y el resto de niños del mundo.

Lorena.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Vuelve a ser el día de la lotería

Hace ya un año que descubrí que soy rica...


La tarde anterior (es decir, hace un año y un día), mi hermana me dijo: "¿Te das cuenta de que mañana a estas hora nuestra vida podrá haber cambiado por completo?" . Yo sonreí ilusionada, supingo que es lo que hacemos todas las personas de familia humilde hacen cuando se imaginan llenando de golpe sus cuentas bancarias. Y pronuncié las funestas palabras: "Ojalá". Sí, dije que ojalá mi vida cambiase por completo al día siguiente. Me imaginé con un armario atestado de ropa preciosa, móvil y cámara nuevos, mis estanterías llenas de libros que esperarían a que terminase uno para seguir con otro... Imaginé que podríamos comprar un local grande y acondicionarlo para hacer una guadería, y que mi hermana podría hacer muchísimos cursos buenos de ballet y así poder cumplir los sueños de las dos... Imaginé a mis padres sin preocuparse nunca por el dinero... Parecíamos felices, en mi imaginación. No me daba cuenta que en la vida real no es que pareciésemos felices, sino que lo éramos.









Y ese día, el día siguiente que deseaba que fuera el que girara 180 grados a mi exitencia, llegó. Me desperté tarde. Bueno, teniendo en cuenta lo dormilona que soy, no era tan tarde, porque el reloj marcaba las once y poco aún, pero el sorteo de lotería de Navidad ya había empezado. De hecho, ya habían salido algunos premios. Saludé a mi madre y a mi hermana medio adormilada aún, y le pedí a mi madre el móvil para llamar a Dani. Estábamos un poco mosqueados y me encontraba realmente preocupada por si esa tarde, en el partido, lo pasaría mal al verle la expresión de orgulloso que se le pone cuando está cabreado o si por, el contrario, haríamos las paces y podría celebrar cada gol de su equipo y quejarme por los del contrario con la máxima felicidad. Como siempre, me preocupaban esas cosas tan insignificantes a las que concedemos enorme importancia si nunca hemos sufrido de verdad. Nada en ese día aprecía indicar que iba a ser diferente. Lo más significativo era un atisbo de bronca con mi novio...

Colgué el teléfono con un sabor agridulce. No estaba enfadado, pero tampoco cariñoso. Me olía que la tarde iba a ser fría. No imaginaba cuánto. Estaba a punto de sentarme en el sofá cuando los niños de San Ildefonso cantaron el premio gordo, el primero. No recuerdo qué número fue. Aún no habían terminado de repetir el número premiado las setecientas veces que parecen ser necesarias, yo estaba pensando si mi vida cambiaría a partir de ese momento, y entonces fue cuando sonó el teléfono. Era mi tía. A mi abuela (mi segunda madre), le había dado un infarto. Ahora estaba en la UCI y había riesgo de que no volviese a verla nunca.


Sí, era probable que mi vida cambiase... Y sólo podía rogar por que no fuese así. Deseé haberme mordido la lengua el día anterior hasta hacerme sangre o arrancarla de cuajo antes de haber dicho que ojalá mi vida cambiase. Mi verdadero deseo era que todo permaneciese igual que siempre.


Parece mentira lo cruel que peude llegar a ser la casualidad. En ese momento, en varios pueblos de España (seguro que, como siempre, el número estaba bastante repartido), había gente que lloraba de alegría porque empezaban una nueva vida. Y yo lloraba para conservar la mía tal y como estaba. ¿Ironías del destino? No lo sé, pero me daba la sensación de que se reían de mí, de mi familia. Recordaba las miradas llenas de felicidad de aquellos que años antes habían tenido la suerte de resultar premiados, imaginaba a quienes ahora corrían la misma fortuna y me sentía insultada. A la misma hora... La voz de los niños que cantaron el gordo y el teléfono de mi casa sonaron en el mismo instante. Uno de esos sonidos traía alegría. El otro venía cargado de dolor.


Afortunadamente, todo salió bien. A pesar de mis estúpidas palabras, nada cambió. Mi vida siguió como siempre. Mi armario sigue con una cantidad normalita de ropa, la cámara es la de siempre, y si mi móvil está muy chulo es porque mi padre tenía muchos puntos y me dio la gran sorpresa para mi cumpleaños. Rara vez puedo comprarme libros nuevos, he releído tantas veces los que ya tengo que cas me los sé de memoria. Abrir una guardería sería casi tan difícil como alcanzar la luna. Los problemas económicos siguen siendo los de una familia de clase media tirando a pobre. Pero la tengo a ella. Ella sigue regañándome por el caos de mi habitación, "apretándome" para que estudie hasta que me salgan callos en los codos, enfadándose si ando descalza... Y sobretodo, sigue dándome miles de besos y abrazos fuertes de esos que parece que te vayas a romper, haciéndome esas comiditas tan ricas que sólo las abuelas son capaces de hacer (no te ofendas, mami, jeje), colmándome de amor y dedicándome su sonrisa a diario.


Es entonces, cuando miros sus expresivos ojos de color chocolate, cuando me doy cuenta de que a mí me toca la lotería cada vez que me levanto.



Y es que sólo ella es capaz de conseguir tener tan firmemente cohesionada a esta familia. Su marido, sus dos hijas, sus dos yernos y sus cinco nietos no es que la queramos, es que la necesitamos, igual que necesitamos el aire para seguir viviendo. Y le damos las gracias por darnos el premio gordo desde el día en que ella fundó este hogar.


Lorena Hernández Vela.

viernes, 17 de octubre de 2008

Llegada al mundo Blog


¡Hola!

Bueno, pues aquí estoy, haciendo algo que llevaba mucho tiempo queriendo hacer. Os preguntaréis cómo puede ser eso, que en plena era de comunicaciones desee hacer un blog y tarde en inaugurarlo. Bueno, pues para que quede claro, el principal motivo es el despiste. Sí, soy tan despistada que cada vez que enciendo el ordenador, olvido las ganas que tengo de crear un blog. Pero bueno, el problema está resuelto, porque con este comienza mi nueva vida como blogger.

Ahora surge otro dilema: cómo empezar. Siempre me pasa igual, me cuestan los principios, me trabo y… Nada, no hay manera. Supongo que lo mejor será comenzar por presentarme, ¿no?

Pues mi nombre es Lorena, tengo 20 años y vivo en Benidorm. Estoy estudiando Magisterio Infantil en la Universidad de Alicante. Y la verdad, creo que mi carrera me viene como anillo al dedo, porque soy muy niña a pesar de haber vivido dos décadas en este mundo en el que cada día se aprenden cosas nuevas. Además, me apasiona la idea de ser yo quien pueda enseñar esas cosas a una veintena de pares de ojos expectantes que brillan de ilusión por todo, a un aula repleta de personas de reducido tamaño que aún desconocen qué es eso de la maldad. Me encanta saber que mi máxima obligación en el futuro será estar rodeada de ellos. Así da gusto tener obligaciones.

Pero no es eso lo único que me apasiona. Mi sueño, además de tratar de convertir la escuela en algo mágico, es escribir. De siempre me ha gustado muchísimo leer, y no sé si leía porque sin lectura no se puede escribir o si me gusta escribir por haber descubierto lo bien que se puede pasar leyendo. Sea como sea, disfruto mucho haciendo ambas cosas. Para hacerme feliz no hay que hacer nada más que darme un libro o un cuaderno sin estrenar. Pocas cosas hay tan estimulantes para mí como el olor a libros nuevos o un puñado de papel en blanco.

Sin embargo, las nuevas tecnologías avanzan, y ahora hay nuevas formas de dejar constancia escrita de todos los pensamientos que fluyen por nuestras cabecitas. Por eso quise crear un blog, para escribir en él mis cuentecillos, historias, experiencias personales… Y a pesar de ser torpe con la informática, espero que, a causa de las ganas que le voy a poner, me quede algo aunque sólo sea un poquito decente. Eso sí, aviso ya de que cuento con otra desventaja, que es mi carencia total de organización… Trataré de tenerlo todo bien etiquetado, pero no prometo nada… Se acepta ayuda de personas con altas capacidades organizativas (eso incluye también la posibilidad de darme pautas para ordenar mi habitación, que os aseguro que está siempre más chapucera de lo que nadie imagina).

En fin, que hasta aquí llega mi primera entrada, que no sé si ha sido para poneros al corriente de todo a quienes me leáis o a mí misma…

¡Deseadme suerte!

Lorena Hernández Vela